Turismo en México, de lo posible y el camino por andar

México podría ser una potencia mundial en turismo; tiene al lado el mayor mercado emisor de turistas del mundo; es inmensamente rico en su geografía; montañas, desiertos, playas y ciudades coloniales. Su cultura e historia es plena de tradiciones, etnias y gastronomía.

México podría ser una potencia mundial en turismo; tiene al lado el mayor mercado emisor de turistas del mundo; es inmensamente rico en su geografía; montañas, desiertos, playas y ciudades coloniales. Su cultura e historia es plena de tradiciones, etnias y gastronomía.

Tal vez el mayor desafío que enfrenta es la falta de una política turística de Estado. La industria se reinventa sexenalmente con nuevas normas al frente de una burocracia que grava el costo de cada turista extranjero que atrae el país. Somos un país dependiente en alto grado de los ingresos del turismo.

La industria turística mexicana es la única que hace negocio explotando el patrimonio social de las comunidades donde opera sin hacerlas partícipes de las utilidades, de manera equitativa. La fuga de recursos coloca al país en condiciones de maquilador de su propio patrimonio.

Si bien, la inversión extranjera debe ser bienvenida, ésta debe acatar las leyes locales. Los gobiernos deben examinar el desempeño social de las inversiones. Los grandes negociantes del turismo internacional (conocidos como operadores), emplean sus recursos para influenciar y moldear la demanda y condicionar la oferta.

Sobre leyes, normas y controles

En México se aplica una ley que no es vigente; existe otra que no se aplica y ya es obsoleta. La industria requiere de leyes que normen no sólo a la hotelería, sino a todos los segmentos de la industria: desarrolladores, operadores, agentes de viaje, restauración turística, tiempos compartidos y el todo incluido en los hoteles.

Una ley de turismo debiera establecer reglas y normas que fomenten la competitividad y la equidad entre los segmentos económicos que participan en la industria; promueva su desarrollo equilibrado en un marco de sustentabilidad y proteja a los inversionistas nacionales. Debería contener lineamientos para la profesionalización de los trabajadores de la industria y privilegiar su contratación en negocios de procedencia extranjera.

México necesita una ley que garantice que lo que en el país se vende, en materia turística, aquí se quede y pague impuestos. En este aspecto estamos atrasados pues el monto de las fugas se resiente en las economías locales.

Ética, responsabilidad social y sustentabilidad (o, empresas socialmente responsables). Con frecuencia han sido los desarrolladores turísticos los actores principales en el drama de la sustentabilidad en nuestras zonas costeras.

Sería deseable que las empresas hoteleras extranjeras se involucraran en los problemas sociales de las comunidades donde operan. Desde la oferta de puestos directivos hasta la adquisición de productos locales, sin pasar por alto el desarrollo social y cultural.

Las empresas turísticas, nacionales o extranjeras, deberían interactuar con la comunidad donde operan para alcanzar la finalidad del turismo: creación de riqueza, no únicamente la creación de empleos.

Serán las naciones que mejor preserven su medio ambiente y su identidad histórica, cultural y gastronómica, los países que habrán de participar de manera plena en la derrama económica del turismo en el futuro.

Costo social del turismo

En la medida en que un destino vacacional llene las expectativas del viajero, el

valor de la experiencia vacacional se aprecia. Al contrario, si el centro vacacional ha entrado en un estado de decadencia, su valor se deprecia.

Es la cultura de los pueblos, lo que los identifica y hace únicos y diferentes, la inversión de este patrimonio en pos del turismo es el capital de riesgo que aporta la comunidad en el negocio.

El turismo tiene varias facetas; es glamoroso y seductor, pero también puede ser nocivo; sus secuelas sociales y culturales sobrepasan con frecuencia los beneficios económicos. También se caracteriza por contaminar social y culturalmente. Los humanos imitamos por naturaleza, y en ello adoptamos costumbres que nos alejan de nuestras tradiciones, valores y virtudes, propias de nuestra cultura.

En los políticos, el turismo es también una actividad seductora; ha seducido a funcionarios que pretenden involucrarse en una actividad altamente técnica y especializada. Vemos a diputados, alcaldes, gobernadores preocupados por el turismo, a su manera. Prefieren ignorar que el turismo es una actividad que exige un alto grado de profesionalismo y que ayudarían mejor convertidos en facilitadores que en protagonistas. El tianguis turístico no es lugar para políticos, el clima de negocios se enrarece con la presencia de dichas personalidades.

Turismo de masas

El perfil del turista de “paquetes” es uno de poco poder adquisitivo que antepone el precio a la calidad y que es presa de los grandes operadores extranjeros; que nos han llevado al sistema del todo incluido, depredador de la economía en las comunidades anfitrionas, más del 50% de las divisas generadas por turismo, en México dependen de los destinos resort u hotelería de playa, donde se ha asentado el sistema del todo incluido.

El turismo de masas, además de devaluar a la industria, desmerece el profesionalismo culinario-gastronómico del país, ha provocado el desarrollo paralelo de una industria alimenticia de baja calidad, para satisfacer los bajos precios que pagan los hoteles de esa modalidad. Existen hoteles que operan bajo el sistema del todo incluido que lo hacen con calidad, sin embargo es mínimo su número.

Los países líderes en turismo mundial han acogido la moda de la propiedad fraccional o “tiempo compartido” como un segmento de la industria, pero no favorecen la práctica del “todo incluido” en su territorio. Los estudiosos del turismo opinan que este concepto es lo último que le quedaría a cualquier destino turístico. No se puede ir más abajo.

Serán las naciones que mejor preserven su medio ambiente y sobre todo su identidad histórica, cultural y gastronómica, las que habrán de participar en la derrama económica del turismo en el futuro, recordando que marketing turístico es satisfacer las necesidades y expectativas del huésped, no los caprichos del propietario del negocio.

Otro punto es el turismo de cruceros turísticos: México invierte millones de dólares en infraestructura portuaria turística, sin tener barcos, mientras los cruceros extranjeros

no se abastecen de nada en nuestro territorio. Sólo dejan toneladas de desechos de todo tipo y alrededor del 0.5% de los ingresos totales que por turismo recibe el país.

Turismo de calidad

Los cuatro pilares que sustentan el turismo son: calidad, servicio, cultura y marca, conceptos que en la hotelería se confunden con frecuencia. Puede haber calidad ahí donde no existe el lujo y puede haber lujo ausente de calidad.

El servicio debe ser enmarcado en la dignidad y la eficacia; con el conocimiento del alma

del negocio: el huésped. Un error en la apreciación del turismo es confundir la actitud de los prestadores de servicios turísticos, en la eficiencia, y honestidad. Un taxista puede ser amable y simpático, pero al mismo tiempo intenta timar al turista.

La actitud positiva de los anfitriones no debería justificar la falta de calidad en los servicios o productos que se entregan a los huéspedes. Es la percepción del turista lo que permanece en su memoria mientras las sonrisas se desvanecen.

La calidad en la hotelería mundial se encuentra con mayor frecuencia en establecimientos de corporaciones trasnacionales que acumulan conocimientos, experiencia y han desarrollado altos estándares para satisfacer a sus huéspedes.

Los recursos intangibles de las grandes corporaciones internacionales son difícilmente igualados por operadores independientes, desde que César Ritz impulsó este tipo de hotelería en las grandes ciudades del mundo hace más de un siglo.

El mayor activo de una empresa turística son sus recursos humanos. Los

empleados de la línea frontal, primer encuentro entre el huésped y el hotel es vital. La mayoría de los huéspedes o turistas jamás conocen al gerente de la empresa, pero es posible que se lleven como recuerdo imperecedero el servicio de un portero, un mesero o una camarista.

Los taxistas son un contacto frecuente entre un turista y la ciudad anfitriona. Son de hecho la primera impresión del visitante, y por desgracia el eslabón más débil en la cadena de servicios al turismo.

En la medida en la que todos estos factores se entiendan como parte de un todo en cada destino turístico, éstos podrán aspirar a crecer y generar la derrama económica que los habitantes esperan, y México como país, necesita.

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