Los pueblos afromexicanos, su diversidad y aportes

Los pueblos afromexicanos poseen una identidad étnica, además de contribuciones culturales e históricas.

México, tal como lo conocemos no puede entenderse sin los momentos históricos por los que ha atravesado, los cuales lo han configurado y aún en el presente tienen influencia en la manera en la que se organiza y piensa nuestra sociedad.


La conquista y el virreinato o época colonial son un proceso complejo que incluye la dominación, explotación, opresión y saqueo a los pueblos indígenas; así como la resistencia de estos pueblos, el sincretismo cultural y el mestizaje. Estas acciones y sus consecuencias son constitutivas de la sociedad mexicana, tanto en su diversidad cultural como en sus arraigadas desigualdades sociales.


México es una multiplicidad de pueblos y esa es una de sus principales características. Uno de estos pueblos, que busca su reconocimiento como parte de nuestra sociedad es el afromexicano. Las poblaciones africanas arribaron a México como parte de las huestes españolas y en consecuencia del comercio de esclavos provenientes de África. Quienes conforman los pueblos afromexicanos son sus descendientes.


Actualmente, las regiones en las que se concentran estas poblaciones es en la Costa Chica de Guerrero, principalmente en los municipios de Ometepec y Cuajinicuilapa, así como en el distrito de Jamiltepec, en la costa de Oaxaca, conformado por 24 municipios.


También existen poblaciones en Chiapas, Coahuila, Michoacán y Veracruz. Las entidades con mayor población afromexicana son Guerrero (6.5%), Oaxaca (4.9%) y Veracruz (3.3%). De acuerdo con datos del INEGI, el 1.16% de la población se identifica como afromexicana.


En la cultura mexicana están presentes notables aportaciones de estos pueblos, tales como el son jarocho, la marimba chiapaneca, las jaranas y las fiestas de carnaval con sus tambores y danzas festivas, son muestras de la herencia cultural. Sin contar las aportaciones a la gastronomía, por ejemplo, tres de los sabores más populares (tamarindo, jamaica y horchata) de las tradicionales aguas frescas.


El caso de la horchata, en su forma tradicional, el principal ingrediente del agua de horchata es la chufa, un tubérculo subterráneo cultivado en regiones de Egipto y Sudán.


La moronga, un platillo que es la sangre de cerdo o res guisada. En la colonia, a los esclavos no se les permitía comer lo mismo que a sus amos, solamente se les daban “las sobras”, consistentes muchas veces en las vísceras de los animales, con las cuales hicieron maravillas.


Otro ingrediente que llegó a México por influencia africana fue el plátano, mismo que ha sido integrado en muchos platillos y se aprovechan las hojas y la fruta. La cocina al vapor en hojas de plátano es una de las técnicas más sobresalientes en la cocina africana.


Los tamales son uno de los alimentos mexicanos más conocidos. De origen mesoamericano, se elabora con masa de maíz, y se le puede rellanar con cualquier otro ingrediente. El tamal oaxaqueño está envuelto en hojas de plátano, sus orígenes en Oaxaca y el uso de esta hoja refuerzan su doble origen como indígena y africano.


La marimba, uno de los objetos con mayor identidad regional en Chiapas, es una fusión indígena y africana. Es un instrumento musical consistente en un grupo de barras de madera, que se percuten con mazos de fieltro o caucho para producir peculiares sonidos musicales, que inmediatamente nos trasladan al Sureste de México.


Antes de la llegada de los españoles ya existían en Chiapas instrumentos xilófonos de madera, y simultáneamente, en África existían instrumentos similares. Los esclavos que llegaron a esta zona se ubicaron en lo que hoy es Cintalapa y Jipitilas, muchos de los cuales venían de una población de Angola, donde está la región Malange, en la que se encuentra un pueblo llamado “Marimba”. Y entonces entre negros e indígenas comenzaron con la creación de un nuevo instrumento, la futura marimba.


Como minoría, distinguida por su raza y color de piel, bases del racismo en México, enfrentan la dificultad de ejercer sus derechos y padecen falta de inclusión en la toma de decisiones en el país; sumado a la precarización económica relacionada con el racismo, tiene efectos en su calidad de vida y acceso a la educación (una de cada seis personas afrodescendientes (15.7%) es analfabeta, casi el triple de la tasa a nivel nacional (5.5%)).


Se debe pugnar por el reconocimiento de su identidad étnica, de sus contribuciones culturales e históricas, y de su pertenencia e importancia participativa en la sociedad mexicana. Reconocerlos es reconocer, celebrar y resguardar la diversidad étnica y cultural que conforma México.

La Danza de los Diablos


Las poblaciones afrodescendientes han tenido un papel importante en el pasado y presente de México, en las luchas contra la esclavitud durante el virreinato, en la herencia de tradiciones y en el desarrollo de una conciencia política basada en la identidad.


Para la identidad cultural de los pueblos afrodescendientes no podemos hablar de un solo pueblo o de un conjunto homogéneo de expresiones culturales; cada una de ellas varía de acuerdo con la región en la que se asientan estas comunidades, y en cada territorio la afrodescendencia se expresa de manera particular.


En Guerrero existe una tradición cuyo origen proviene del virreinato o época colonial, se trata de una danza que era un ritual dedicado al dios africano Ruja, al cual los esclavos le pedían ser liberados del yugo español. A través del intercambio cultural se transformó, adquirió influencias católicas y pasó a formar parte de una de las tradiciones indígenas más importantes de la región, principalmente en el municipio de Cuajinicuilapa.


Esta danza, que también es conocida como Juego de los Diablos, se realiza principalmente el 1 y 2 de noviembre en el marco de la celebración del Día de Muertos, aunque también se ejecuta en los días de San Nicolás y en el día de la virgen de Guadalupe.


Los participantes usan máscaras con barbas y flecos hechos con crines y colas de caballo y portan ropas de harapo. El grupo, conformado por cerca de 12 personas, va precedido por el “Diablo Mayor” o “Tenango”, que representa el papel de capataz o patrón, y la “Minga” o “Bruja”, que es personificada por un hombre que usa ropas de mujer mientras carga un muñeco. Estos dos personajes dirigen y marcan el ritmo con un cencerro y un chicote.

Es posible que los diablos representen los espíritus de los muertos que vuelven para visitar a sus familias y los altares; pero otras creencias señalan que tienen un papel importante como intermediarios entre la vida y la muerte, y se encargan de proteger a los vivos al impedir que los muertos visiten el mundo en otros días que no sea el Día de Muerto.


El grupo de danzantes está acompañado de tres músicos que tocan la charrasca (una quijada de burro o caballo que se usa a manera de güiro), el bote (un instrumento que posee un parche de cuero y que emula el rugido de un tigre), el violín y la armónica. Esta música es conocida como “la chilena”, un género que resultó de la mezcla de la música traída por marineros chilenos en el siglo XIX y de las tradiciones de los afrodescendientes.


Otra expresión representativa de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, es el son o fandango de artesa, un baile que se practica arriba de una pieza de madera que es tallada en forma de animal y que recuerda a los caballos o las vacas. El conjunto musical que da ritmo a este baile incluye el violín, la jarana, guitarra y cajón. Es probable que el origen de esta tradición provenga de Senegambia, región en África de la que fueron traídos a México algunos africanos durante los primeros años de la conquista.


No solo estas tradiciones evidencian la participación social, influencia e intercambio cultural africanos en la región de la Costa Chica, diversas expresiones culturales visibilizan la importancia de los afrodescendientes en México, como la gastronomía, la medicina tradicional, los vocablos y diversos saberes y formas de entender el mundo.


A partir de la reinvención de éstas y otras manifestaciones, elementos y objetos, África y la afrodescendencia en México tendrán mayor probabilidad de ser comprendidas, y la cultura afromexicana romperá el silencio en la que ha estado inmersa por siglos, haciendo justicia a sus demandas de ser reconocidos como parte integral de la nación mexicana.


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