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Trazando un camino hacia una economía baja en carbono y sostenible: retos y oportunidades

Un modelo económico que reduzca al mínimo las emisiones de carbono y gases de efecto invernadero, promoviendo prácticas y tecnologías sostenibles y limpias.

Una economía baja en carbono es una economía que emite un mínimo de gases de efecto invernadero hacia la biósfera y específicamente, un mínimo de dióxido de carbono.


El problema

Es tal la acumulación de gases de efecto invernadero, sobre todo CO2, debido a causas provocadas por los humanos, que el clima está cambiando. Las sobreconcentraciones de esos gases están produciendo calentamiento global que afecta el clima, con impactos negativos sobre la humanidad.


La aplicación mundial de la economía baja en carbono se propone para evitar un cambio climático catastrófico, con el objetivo de una sociedad de cero carbono y economía de energía renovable.


Objetivo

El objetivo de la economía baja en carbono es emplear tecnologías de emisiones bajas o nulas para todos los aspectos de la economía: agricultura, generación de energía, producción, transporte y consumo. Y además eliminar o reciclar sus residuos, con el fin de emitir un mínimo de gases de efecto invernadero.


Asimismo se ha propuesto que, para hacer la transición, habría que atribuir un costo (por unidad de producción) para gases de efecto invernadero a través de medios tales como el comercio de emisiones o un impuesto sobre el carbono.


Los próximos 10-15 años serán decisivos por lo que se necesitan esfuerzos para impulsar un crecimiento hipocarbónico, aprovechando las oportunidades que brindan la digitalización, las tecnologías limpias, la bioeconomía y la economía circular.


Se estima que el coste económico de las acciones que hay que llevar a cabo para adaptarnos al cambio climático y parar el calentamiento global en 2ºC, se sitúa en torno al 2% del PIB mundial. Una vez se sobrepase este punto, los costos subirán de forma exponencial.


La firma del Acuerdo de París, con el objetivo de no superar los 2°C en la temperatura media del planeta ha sido un gran avance. Pero los compromisos recogidos en las actuales políticas climáticas de los firmantes del Acuerdo de París nos sitúan en un escenario por encima de los 2ºC.


Opciones

Se han propuesto a la energía nuclear y la captura y almacenamiento de carbono (CAC), sin dejar de explotar los recursos no renovables. Hay preocupación sobre la incertidumbre de los costos y el tiempo necesarios para aplicar con éxito la CAC en todo el mundo.


Por otro lado la opción nuclear tiene los inconvenientes de su alto costo, los tiempos de construcción de nuevas centrales, qué hacer con los residuos nucleares, los elevados costos de su gestión y que la potencia eléctrica que entregan a la red ha de ser muy constante, lo que dificulta su compatibilidad con sistemas de energías renovables.


Se ha propuesto la energía renovable como la base principal de la economía baja en carbono. La energía fotovoltaica y la eólica siguen presentando el problema de su variabilidad.


Debido a la reducción de costes y a la preocupación por el cambio climático, la inversión en renovables y la producción de energía con ellas han crecido significativamente en los últimos tiempos.


Además, independientemente del efecto en la biosfera de las emisiones de gases de efecto invernadero, el problema creciente del pico petrolero también puede ser motivo suficiente para una transición.


Realidad

Actualmente y a pesar de los países que más CO2 emiten mostraron una disminución en 2016, el incremento de las emisiones en países como India o Indonesia, ha producido que el balance global sea de aumento neto de las emisiones del 0,2%.


Nos encontramos ante el reto y la oportunidad de avanzar en un proceso de transición a una economía baja en carbono, para lo cual debemos poner en el centro de las decisiones políticas la componente laboral para conseguir una transición justa sin dejar a nadie atrás.


Aunque se pone el foco en conseguir un cambio en la producción de electricidad limpia, es importante señalar el papel que juegan las ciudades puesto que generan alrededor del 80% de la producción económica mundial y son responsables de cerca del 70% de las emisiones globales de CO2.


El desarrollo de políticas que incidan en la forma en que las ciudades se desarrollen será fundamental para la trayectoria futura de la economía mundial y del clima.


Cambios que se deben tomar

El modelo de crecimiento hipocarbónico implica un verdadero cambio cultural, con gran impulso de la innovación y la investigación, también inversiones en tecnología, educación, organización y formación de nuevos perfiles profesionales, así como nuevos métodos de financiación y políticas apropiadas.


La ecologización de los puestos de trabajo y la promoción del empleo verde, tanto en los sectores tradicionales como en los emergentes, favorece el desarrollo de una economía ecológicamente sostenible, competitiva y con una pequeña huella de carbono.


Se necesitan medidas para ayudar a las empresas y ciudadanos a adaptarse a la nueva situación. No solo las medidas tecnológicas serán necesarias, sino que el reto del cambio climático va a suponer una revolución en las empresas y la sociedad en general que habrán de incorporar cambios en sus hábitos de consumo y en sus modos de transporte.


La transformación de la economía no consiste solamente en la reducción gradual de las emisiones en los sectores contaminantes, también implica la creación de nuevas industrias limpias, nuevos puestos de trabajo, nuevas inversiones ofreciendo la oportunidad de crear una economía más equitativa y justa.


Se requieren planes de capacitación y adaptación de los trabajadores cuyos sectores se ven abocados a la desaparición. Para proporcionar a todos los trabajadores la seguridad de que mantendrán un puesto de trabajo digno.


El modelo económico y los retos

En México es muy probable que aumente la frecuencia e intensidad de las olas de calor, con implicaciones adversas para la salud, agricultura, silvicultura, la producción y uso de energía, el transporte, el turismo, la productividad del trabajo, y la construcción sostenible.


Nuestro actual modelo económico es insostenible para el medio ambiente, para la sociedad y para la economía, por lo que es necesario un cambio en el modelo económico, en favor del respeto por la humanidad y el planeta.


Las inversiones en la transición energética, en el uso eficiente de los recursos, en nuevas tecnologías y la innovación en los procesos, están llamados a desempeñar un papel fundamental en la superación de la crisis y al mismo tiempo generar y asegurar nuevos empleos.


La calidad de los puestos de trabajo creados es una variable que no debemos olvidar. Garantizar la salud y seguridad en el trabajo, debe ser un objetivo integrado en las medidas de transición del modelo productivo.


El sello distintivo del cambio de modelo hacia una economía verde y libre de carbono, debe ser la del empleo digno y de calidad.


Conclusión

Es de vital importancia contar con políticas ambiciosas de adaptación y reducción de emisiones para proteger los puestos de trabajo, las personas y las comunidades de las consecuencias del cambio climático. La ecologización del trabajo debe ser un componente clave del futuro.


Se deben elaborar leyes que definan un marco de transición de la economía hacia un modelo bajo en carbono. Deberán marcar el camino que deben seguir todas las políticas nacionales (energía, industria, agricultura, turismo, innovación y empleo) así como los sectores económicos, empresariales y la ciudadanía.


También serán necesarias, políticas efectivas sobre la gestión de los residuos y de aguas residuales, así como la mejora del reciclaje que favorezcan la generación de una economía circular, junto con políticas energéticas, medidas que garanticen la seguridad alimentaria, de adaptación de las viviendas y garantizar la creación de empleos dignos y de calidad.


Las consecuencias del cambio climático ya las estamos sufriendo. En nuestra mano está intentar mitigarlo y adaptarnos a él. Tenemos oportunidad para realizar un cambio productivo y energético que nos permita vivir en un planeta sostenible y socialmente justo.


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