Yanga, una victoria contra la esclavitud y el racismo

La historia de los africanos en la Nueva España es una historia de opresión, pero sobre todo, una historia de resistencia.

La llegada de africanos a América ocurrió con los conquistadores y la trata esclavista que hizo que, entre los siglos XVI y XIX, cerca de 12.5 millones de personas fueran sacadas a la fuerza de sus lugares de origen para ser enviadas como esclavos a diferentes partes del mundo, hecho considerado el movimiento forzado más grande de la historia.


La esclavitud fue determinante de las condiciones sociales a las que se enfrentaron los africanos y afrodescendientes en la Nueva España; ese pasado de opresión mantiene en las poblaciones afromexicanas del presente efectos reflejados en la discriminación y la subvaloración: residuos del régimen racista y esclavista presentes en el siglo XXI.


Sin embargo, la historia de los africanos en América no está determinada por la esclavitud, también por su oposición a ella –en América existieron africanos libres y la relación con el régimen no fue de pleno sometimiento–. Los africanos sacados de su continente por trata de esclavos, sometidos a un sistema explotador y discriminatorio, y sus descendientes, presentaron resistencia encaminada a protestar y salir de su sometimiento.


A pesar de la resistencia e ímpetu por la libertad, las historias de las personas negras son invisibilizadas; y se intensifica cuando se trata de quienes lucharon por acabar con esa injusticia, tal es el caso de Yanga o Ñyanga, protagonista de un episodio convertido en una omisión en los relatos de nuestro país. Para hablar de Yanga, un africano esclavizado ícono de la sublevación y liberación, hay que hablar del contexto de la época que vivió.


Los africanos fueron llevados a la Nueva España para mano de obra en haciendas azucareras, haciendas cañeras, minas, ranchos y para ganadería y agricultura. Las condiciones en que eran obligados a trabajar hicieron que algunos se organizaran para escapar a lugares de difícil acceso, como montañas, cañadas, pantanos o bosques, para conformar comunidades conocidas como “palenques”, “rancherías” o “quilombos”. Dichos rebeldes fueron conocidos como “cimarrones”, en alusión a los animales de ese nombre que se hallaban en las montañas.


Para sobrevivir, robaban en caminos, propiedades de españoles y pueblos indios, donde sustraían ganado y raptaban mujeres. Como era de esperarse, las autoridades reaccionaron para terminar con los asaltos, aplacar las rebeliones y frenar el escape de los esclavos, para posteriormente reintegrarlos con sus explotadores. La sublevación de estos grupos representó una alerta para el poder colonial, por lo que las acciones para hacer frente incluyeron vigilancia, castigo, fundación de ciudades e incluso la negociación con los grupos de rebeldes.


La esclavitud representaba más de la mitad del valor total de las haciendas; de ahí el interés en recuperar a los fugitivos. Quienes poseían esclavos se negaban a otorgarles la libertad por la pérdida económica y veían en el cimarronaje un ejemplo que otros podrían seguir; por ello, Yanga es un caso emblemático de este tipo de sublevaciones.


Yanga fue un africano llevado en 1579 en condición de esclavo a la Nueva España, a la zona de haciendas cañeras y estancias de ganado en el Valle de Orizaba, Veracruz; era un hombre de edad avanzada y originario de la nación Bran, donde –de no haber sido prisionero– se hubiese convertido en rey.


Yanga escapó y se estableció en palenques ubicados en las faldas de la sierra de Zongolica, en la sierra Madre Oriental, en compañía de otros africanos que también buscaban la libertad y que probablemente habían llegado a la zona debido al crecimiento azucarero que se dio en Veracruz a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII. Yanga se convirtió en su líder y se encargó de la administración civil y política del grupo a lo largo de más de 30 años; mientras que el mando militar fue cedido a Francisco de la Matosa, un joven proveniente de Angola que tomó el nombre de su explotador y que también había escapado de la esclavitud.


El grupo se había hecho fuerte en lugares inaccesibles, y abundantes de provisión, de donde salían a asaltar los caminos y lugares. Para 1609, las autoridades españolas, deseosas de frenar las pérdidas en el camino real hacia el puerto de Veracruz, y dispuestas a mitigar la sublevación de los esclavos, emprendieron una expedición armada en nombre del virrey Luis de Velasco y al mando del capitán Pedro González de Herrera.


Españoles y africanos se enfrentaron, pero la resistencia de Yanga hizo que el virrey accediera a negociar la libertad: los españoles ofrecieron una tregua que implicaba capitulaciones para Yanga y su gente, que tenían que ver con el deseo de terminar con las fugas y rebeliones que habían puesto en crisis al poder colonial y constituían cuantiosas pérdidas económicas, a partir de ese momento, Yanga y su gente se comprometieron a atrapar y devolver a cualquier esclavo que escapara y que buscara refugio con ellos, condición que no fue cumplida del todo.


Los acuerdos a los que llegaron incluían la libertad e independencia de los grupos rebeldes y de sus descendientes, así como la fundación de un pueblo en el que pudieran instalarse y ajeno del influjo de los españoles. De esta manera surgió el pueblo de San Lorenzo, cuya existencia se legalizó hacia 1640, también conocido como Negros Libres, Pueblo de Negros, San Lorenzo Cerralvo y San Lorenzo de los Negros; actualmente, dicho recibe el nombre de Yanga, en la zona centro del estado de Veracruz.


La rebelión de Yanga no fue la primera, mucho menos la última; sin embargo, es de las más importantes debido al éxito de la resistencia, pues tuvo como resultado la fundación de San Lorenzo de los Negros, pueblo libre que es considerado un antecedente de lucha por la libertad y los procesos de independencia en la Nueva España.


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