El Irlandés, pieza de arte de verdadero cine

Una obra maestra que reflexiona sobre las decisiones, la lealtad, la familia y una redención que ciertamente no alivia cuando la conciencia es la que reclama por los actos

Después de la polémica declaración de Martin Scorsese en torno a que las películas de Marvel no son cine y que podían compararse con una visita a un parque de diversiones, seguramente mucha gente no estuvo de acuerdo, pero con El Irlandés, queda claro de qué hablaba y dicta cátedra con una obra maestra en la que reflexiona sobre las decisiones, la lealtad, la familia y la redención desde el punto de vista católico, que ciertamente no alivia cuando la conciencia es la que reclama por los actos.


La película inicia con un plano secuencia que traza un recorrido por el interior de un asilo de ancianos hasta llegar con Frank Sheeran (Robert De Niro), el irlandés que pinta casas, que de entrada aparece como un anciano postrado en una silla de ruedas, pero inicia su relato contándonos una historia como si fuésemos un oyente anónimo, y su voz en off será un protagonista clave para entender y dimensionar la jerarquía de los acontecimientos a lo largo de las 3 horas y media de duración de este filme.


La mayor parte de la historia está ambientada de manera perfecta en las décadas de 1950, 1960 y 1970, cada detalle desde la escenografía, musicalización, vestuarios, edición, el ritmo; mención aparte para el extraordinario trabajo de dirección de fotografía desempeñado por el mexicano Rodrigo Prieto, el guión, que de una forma articulada y amena expone la trama llena de personajes de todo tipo y los espectaculares rejuvenecimientos y envejecimientos digitales realizados a los actores. Todo suma para contar una larga y compleja historia, con la que no queda duda de qué habla Scorsese cuando se refiere a cine.


Al principio, Frank solo es un repartidor, conduce un camión con carne, y en un punto, empieza a distribuir a gángsters locales. Cuando la compañía le acusa de ladrón, acude al abogado Bill Bufalino, primo del jefe mafioso Russell Bufalino (Joe Pesci).


Al mismo tiempo corre una historia paralela que acontece un par de décadas después, en un viaje rumbo a la boda de la hija de Bill Bufalino en el coche de Russell, los pasajeros son Russell, Frank y sus mujeres. Dicho viaje se convierte en un escenario al que regresa constantemente la narración.


Volviendo a la historia lineal, Frank y Russell se vuelven muy buenos amigos, mientras el protagonista continua matando a quien sea necesario para la mafia. Debido a su buen trabajo, Jimmy Hoffa, líder sindicalista de los camioneros lo adiciona como su hombre de confianza; interpretado por Al Pacino, su perfil es distinto al del común denominador de jefe mafioso, su energía y carisma conquista a la hija de Frank, Peggy.


Después de un tiempo en el que todo parece ir bien, aparece Anthony "Tony Pro" Provenzano (Stephan Graham) quien amenaza la posición de Hoffa como líder del sindicato. Al mismo tiempo que se fortalece la relación entre Frank y Jimmy hasta que se vuelven íntimos amigos.


Hay un momento clave, tanto en la película como en el aporte como documento histórico real en relación a la elección de Kennedy como presidente. Vemos hasta qué punto, la mafia italiana llegó a hacerse con el poder fáctico de uno de los países más poderosos del mundo, y el papel que jugó para la construcción de este imperio. El hermano del presidente, Robert, la toma contra Hoffa como Fiscal General. Sin embargo, la mafia italiana apoyaba al presidente. Aquí también, se desarrolla un momento muy ilustrativo sobre uno de los temas más importantes que se tratan en la historia: Frank plantea la pregunta si tiene sentido que Robert persiga a la mafia que ha hecho a su hermano presidente. Una contradicción entre lealtades y objetivos personales que es una constante en la película.

Después de que asesinan al Presidente Kennedy, Robert consigue su objetivo y encarcela a Hoffa en 1964. Durante su encarcelamiento, Hoffa sitúa a Frank Fitzsimmons como su sustituto y se encuentra con Tony Pro, también preso, lo que empeora la relación de Hoffa con él y, por tanto, con la mafia.


El personaje interpretado por Al Pacino sale de la cárcel por el perdón presidencial del recientemente electo Nixon. Ahora su interés es recuperar la presidencia del sindicato, para lo que tendrá que vencer a Fitz, al que ahora respalda Tony Pro. Es esta fragilidad de lealtades y traiciones la que se repite a lo largo del relato y contamina un mundo donde el crimen y los negocios son el tema de todos los días.


La mafia no quiere que vuelva, ya que varias familias se han beneficiado durante su ausencia, obteniendo préstamos ilegales de millones de dólares con el sindicato. Russell trata de hacer que Hoffa se retire tranquilamente. Le pide ayuda a Frank para intervenir con su amigo, pero Hoffa reacciona a la defensiva y se mantiene obstinado.


De regreso al viaje en coche. Hoffa le dice a Frank que se va a reunir con Tony Pro y el jefe mafioso Tony Giacalone. Russell le dice a Frank que Hoffa está condenado por la mafia y lo envía a Detroit para hacer, una vez más, el trabajo sucio.


Después de varios minutos tensos en el filme, finalmente sucede lo inevitable: Frank dispara dos veces y el antiguo presidente del sindicato de camioneros no vuelve a ser visto nunca más. Con el tiempo, Frank, Russell, Tony Pro y muchos otros mafiosos acaban en la cárcel por sus crímenes, pero el asesinato de Hoffa nunca se resuelve (de hecho, continúa sin resolverse a día de hoy).

Así llegamos al día presente en la residencia para ancianos, Frank trata de volver a verse con su hija Peggy, pero su amor por Hoffa le ha apartado de su padre, al que culpa de su muerte.


Finalmente se nos presenta el final de la vida de Frank, rezando junto a un sacerdote. Frank mira su pasado y enfrenta la realidad, unas hijas que no quieren saber de él, la soledad y olvido en el que se encuentra como consecuencia de la vida que eligió.


Se habla mucho del plano final, en el que se despide el cura de la habitación en la que le absuelve de sus pecados, pero Frank le pide que deje la puerta abierta, para finalizar con Frank, mirando a la entreabierta puerta de salida. Parece querer decir que la lealtad solo es algo valioso cuando viene acompañada de amor y aprecio, no solo poder; tenía que apostar, y Frank lo hizo por Hoffa, Russell y los demás mafiosos, lo que finalmente lo apartó de su familia. Pero también deja en el aire la cuestión de la salvación, la puerta abierta podría ser una rendija para la salvación de su alma ¿Qué siente realmente Frank al haber traicionado a su amigo Hoffa? ¿Y sobre el resto de sus acciones? Posiblemente ni él lo sepa.

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