El periodismo en México, una profesión inexistente

El 4 de enero se celebra el día del periodista en México.

Este día fue establecido en conmemoración de la muerte del escritor y periodista Manuel Caballero, considerado el iniciador del periodismo en México. Ya que sus investigaciones fueron un gran ejemplo para el periodismo moderno y hoy se le recuerda como el primer periodista mexicano.


Caballero introdujo el sentido sensacionalista a las noticias del porfiriato, sensacionalismo que aunque suele ser criticado, es muy consumido entre sectores populares y prácticamente es el estilo de noticias que predomina en el mercado.


Hace ya varios años, Miguel Ángel Granados Chapa -un periodista que a título personal significó un ejemplo a seguir-, hacía notar que al iniciarse el último cuarto del siglo XX aparecieron revistas y diarios cuya solidez financiera los apartó de la subordinación a las cajas gubernamentales. Con su independencia económica, crecieron sus capacidades de indagación y expresión. Causa y efecto de la mayor complejidad social, de la apertura política y del dinamismo del sector moderno de la economía, junto a la rutinaria prensa propagandística surgió la información develadora de realidades (antes impensable), el examen crítico y el escrutinio de poderes antaño intocables.


Al llegar al siglo XXI, ningún límite impedía la actividad de la prensa, estaba en todas partes, informando de todo, husmeándolo todo, exhibiéndolo todo, hasta el exceso. Añadido a la digitalización de las fases de la producción periodística, mejoró las condiciones empresariales de quienes la realizan y las posibilidades de acceso para los lectores.


La competencia sustituyó a la mutua complacencia entre los medios y el arropamiento recíproco de los deslices e insuficiencias periodísticas. Circulaban más los diarios que más profesionalmente percibían y atendían las necesidades sociales. Según Granados Chapa, se había llegado a la conclusión de que el buen periodismo es rentable, y con ello, habían mejorado las condiciones laborales y más específicamente salariales del personal de la industria periodística.


Esa era la realidad que se percibía a principio de la década del 2000. Se esperaba que el periodismo del nuevo siglo pusiera énfasis en la relación directa con sus lectores. Se pensaba en un periodismo que ofreciera un producto hecho a medida, con las secciones que le interesaran a cada lector/suscriptor. Un detalle importante, se esperaba impreso, ahora casi la totalidad se ha pasado al digital, cada día se suman nuevas publicaciones impresas a las ya largas filas de empresas que han cerrado sus puertas y con profunda tristeza publicaron la edición que marcaría el final de sus páginas para siempre.


Esta celebración pretende conmemorar a los profesionales de los medios de comunicación, así como a la libertad de expresión; pero al igual que la mayor parte del trabajo del periodismo en México, esto se establece de manera simbólica, en un país en que ser un periodista significa ejercer una actividad de altísimo riesgo, en donde las autoridades no brindan el mínimo de garantías para la práctica libre de la investigación sin el peligro de perder la vida.


Quizás el mañana presente un horizonte más favorable, pero la realidad que se vive en México presenta a la mayor parte de los medios prácticamente atados de manos ante la dependencia económica que se sigue manteniendo con los gobernante y políticos, del total de producción abarca mayoritariamente temas oficiales, la fuente política llena las notas del día día, los boletines pagados han desterrado a las verdaderas investigaciones y la simple nota periodística es el género que más se practica, llegando incluso a ser convertida casi en cápsula informativa por la indisposición del lector promedio a dedicar su tiempo a leer algún artículo o reportaje.


En medio un país en donde cierran publicaciones, los salarios son en su mayoría bajos y las condiciones laborables no son las mejores, aunado a que cada día desaparecen más puestos de trabajo por la facilidad que representa el uso de diferentes softwares y sitios web para sustituir fotoperiodistas, la facilidad del plagio y la poca exigencia del lector, esperemos por tiempos mejores para el periodismo.

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